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Descubra la cueva

La investigación

Michel-Alain GARCIA †

Homenaje a Michel-Alain Garcia, por Jean Clottes ​

“Conocí a Michel y comencé a trabajar con él a principios de los años 70. Entonces, él trabajaba en el Museo del Hombre con el doctor Léon Pales y acababa de concebir sus técnicas de moldeo que no dañaban las huellas prehistóricas. Con el descubrimiento de la Red Clastres a finales de 1970 apareció la cueva de Niaux. Michel, a petición y bajo la dirección del doctor Pales, realizó el moldeo de huellas de niños que se conocían en la galería Profunda y luego hizo lo mismo en Fontanet, entrando a trabajar más tarde en la Red Clastres. Recuerdo cómo me maravillé al ver los resultados de las imágenes de las huellas de Fontanet, sobre todo la de la mano de un niño con uñas muy cortas porque quizás se las comía hasta el extremo. Cuando en 1979 y 1980 una riada que ocasionó grandes estragos a ciertas pinturas del salón negro de Niaux, Michel contribuyó a limitar los desperfectos con falsas estalactitas de plástico; eran discretas pero por lo menos desviaban el agua llevando las aguas fuera de la estructura. Participó en la toma de las imágenes de  Niaux, que el Ministerio de la Cultura había encargado y que se hicieron entre 1980 1981. 

Cuando me ocupé de constituir el equipo encargado de hacer el estudio científico de la cueva Chauvet, en 1995, le pedí que formara parte de ella con el fin de estudiar las huellas y las marcas en el suelo. Durante todos estos años de trabajo colectivo, tuvimos a veces discusiones (en otras, peleas), no por la cuestión de las huellas, cuya complejidad conocía a la perfección, sino por el arte (por ejemplo, tal figura, ¿era o no un buey almizclero?). Al final, nos poníamos de acuerdo y brindábamos por nuestra amistad delante de los hallazgos. 

La anécdota más importante que me viene a la memoria concierne las huellas de un cánido cuya pista Michel había seguido en el último sector de la cueva. Un día me enseñó las tomas de imágenes que él había hecho a este propósito y las colocó al lado de imágenes de huellas de un perro grande y de un lobo. Incluso para un principiante era evidente que las huellas de la cueva Chauvet eran más parecidas a las del primero que a las del segundo. Michel estaba convencido por lo tanto que se trataba de un perro que había seguido al niño del que había tomado las huellas en la misma zona de la cueva. Con su proverbial honestidad él lo mencionó en nuestro libro común (página 40). Hace poco, en los medios de comunicación, se habló del descubrimiento de un perro que databa de unos 31.000 años. En Alemania, creo. Entonces pensé en Michel y en lo contento que se hubiera puesto al ver confirmada su hipótesis; lamentando al mismo tiempo que su modestia y su prudencia le hubieran impedido dar al acontecimiento el esplendor que merecía.”

Contribuciones

La pista humana,Residuos vegetales